En plena crisis, se echa en falta oir a los sindicatos. Con más de 3.000 parados diarios y ni una palabra. En privado, sus dirigentes reconocen que no pueden hablar porque entonces deberían atacar al gobierno, a un gobierno que ha negado la crisis y sigue empeñado en tirar balones fuera. Las generosas subvenciones con que el Ejecutivo ha tapado al boca a los principales sindicatos dan así sus frutos. Para estos “representantes” domesticados de los trabajadores solo su sillón es importante. Pero la crisis también afecta a su credibilidad:
Un articulista de la OIT recoge, a su pesar, la gravedad de la situación: El sindicalismo conoce una de sus crisis más profundas y se encuentra actualmente en una encrucijada de caminos. Se puede observar una baja, casi general, de los efectivos sindicales y, en la mayoría de los países, la influencia de los sindicatos va disminuyendo. Hay además una crisis de credibilidad sindical y una notable desmovilización de los trabajadores (…).
UGT se ha convertido, en muchas empresas, en el sindicato de la patronal y CCOO intenta pasar desapercibido, con su secretario general presentandose de nuevo a la reelección en poco más de un mes. Los “críticos” parecen haber desaparecido y otros sindicatos, como CGT se dedican a hacerles el juego a los dos grandes.
Así pues ¿quién nos representa a los trabajadores de a pie, activos y en paro?